Bethesda: La historia de un sarcófago

Con el objetivo de divulgar este tesoro artístico de la Tarraco paleocristiana, durante las jornadas de reconstrucción histórica Tarraco Viva los años 2011 y 2012, la ACSF representó Bethesda: La historia de un sarcófago. Un guión confeccionado por Andreu Muñoz Melgar, que se representó frente a la Catedral de Tarragona.

El sarcófago de Bethesda fue realizado en Roma en época de la dinastía teodosiana hacia los años 370/400 d.C. Elaborado en mármol blanco se tipifica dentro del grupo de sarcófagos denominados “puerta de ciudad”, caracterizados por el encuadre de las escenas con un fondo urbano. Sólo se conserva el frontal del sarcófago que fue empotrado en la fachada de la Catedral, posiblemente por los mismos constructores medievales al identificar su valor artístico e iconográfico. Mide 261 cm x 61 cm. Son pocos los ejemplares que se conservan completos en el mundo con el mismo repertorio: el Lateranense 125, el del Museo Vaticano y el del episcopio de Ischia. Ignoramos la identidad de su propietario pues no conservamos la inscripción del sarcófago. Es evidente que fue un personaje cristiano rico. El programa iconográfico pone de manifiesto la intencionalidad del comitente de manifestar su fe en la resurrección.

El guión de esta historia se fundamenta en personajes y situaciones verídicas pero cabe remarcar que la identificación del titular del sarcófago con el obispo Himerio es una ficción que el autor ha recreado para dar cuerpo a esta representación. Ciertamente a finales del siglo IV, la Iglesia de Tarraco empezará a experimentar una gran importancia religiosa que durará toda la época tardorromana y visigótica. Lo atestigua la carta del papa Siricio al obispo de Tarragona Himerio, fechada en el año 385. Es la primera decretal dirigida por un Papa a un obispo de la Iglesia latina, y es así que figura en la Colección Canónica Hispana. La decretal del papa Siricio es la respuesta a diversas cuestiones de tipo disciplinar que planteó el obispo Himerio, hacia el año 384, al papa Dámaso por medio del presbítero Basiano. Este papa no pudo responder la carta porque murió antes de que llegara el documento a sus manos, y fue su sucesor Siricio quien se encargó de preparar las disposiciones que finalmente fueron enviadas a Tarragona. Como es la primera decretal papal en occidente, marca el ejercicio del primado por parte del sucesor de Pedro, y por otro lado, crea un precedente claro en el ejercicio de la potestad metropolitana y primada del obispo de Tarragona sobre todas las provincias hispanas.